EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL
MÉXICO



11 de noviembre del 2003.

Buenas tardes a todos, y sobre todo, a todas. Las escribe el gran Durito de La Lacandona para daros la bienvenida a esta exposición de arte que se la rifa por las comunidades indígenas zapatistas.

Si escucháis una voz nasal y extraña leyendo estas líneas, se debe a que una infausta gripa me impide deleitaros con ése mi tono varonil y seductor. Así que he ordenado a mi impertinente escudero, ése que ustedes conocen como “el SupMarcos”, que tenga a bien grabar estas palabras.

Yo sé que vosotros esperabais un comunicado, carta, posdata o algo parecido de parte de mi escudero. Debo pediros que seáis magnánimos y disculpéis la ausencia de sus letras. El motivo es que se haya víctima de una gran vergüenza.

Resulta que él desconocía las obras de arte gráfico que diversos artistas, talleres gráficos y personas, habían donado para la rifa en beneficio de las Juntas de Buen Gobierno. Por eso se atrevió a enviar ese esperpento llamado “Reloj Roto”.

Claro que al verse compartiendo la sala, y la rifa, con las obras donadas por Guillermo Pacheco, Rubén Leyva, Luis Zárate, Alejandra Villegas, Juan Alcázar, Nantuco, Justina Fuentes, Vicente Rojo, Arnulfo Aquino, Gabriel Macotela, Nahoa Nicolás de Jesús Aguilar, Rafael López Castro, el Gritón, el Taller Gráfico de Fernando Sandoval, el Taller Gráfico de Juan Alcázar, José Luis Martín, Ediciones Alción, Blanca Villalba, Beatriz Zalce, y Elisa Ramírez, se puso como semáforo, es decir, primero se puso verde, luego amarillo y al final rojo.

Yo le propuse entonces que se auto enviara como obra gráfica, en técnica que llaman “de tercera dimensión”, o como “performance” multicolor. Le sugería un nombre para tal efecto: “Nariz Policromada”.

No sé por qué rechazó mi propuesta. Estoy seguro de que hubiera tenido más éxito que con esa especie de deshuesadero llamada “Reloj Roto”.

Sin embrago, en desagravio de mi torpe escudero, debo decir que el “Reloj Roto” tiene algunas ventajas.

Por ejemplo, si algún ingenuo, o ingenua, compra un boleto para la rifa de esa obra, es seguro de que ganará. Por “default” es cierto, pero ganará. Y ganar una rifa aunque el primero sea un reloj roto, siempre es una alegría.

No sólo. Suponga usted que se le arruina el automóvil, lo lleva al taller y el mecánico le dice: “Uy seño, ora sí que su móvil ya quedó como empresa privatizada, o sea que nomás no jala ni con bueyes y vacas, sin agraviar a sus personitas, porque fíjese que se le pasó a perjudicar el ‘bendix’ o esa cosa que hace como run-run y ya está discontinuado porque ora puro ful inyection”. Usted, en lugar de suicidarse, o de endeudarse para comprar un auto nuevo (que es otra forma de suicidarse), sólo tiene que ir a su casa y buscar en el reloj roto la pieza que necesita.

Hay más puntos a favor.

Si usted tiene hijos, las ventajas del reloj roto se potencian. Ahí tiene usted las piezas para armar, cuando menos, 3 bicicletas y 3 triciclos. Sólo necesita las llantas respectivas, la cadena y el cuadro. Esto no hay que despreciarlo porque ya vienen la navidad y reyes, y usted puede remontar la cuesta de enero sobre ruedas.

¿Problemas para su picnic o para celebrar los 20 y 10 de los zapatones? Bueno, simplemente deshágase de todo lo que cubre el reloj roto, póngalo en posición horizontal sobre unos ladrillos y tendrá usted una mesa redonda.

Y, en caso extremo, hallándose usted harto necesitado o necesitada de dinero, puede vender el reloj roto, por kilo, en cualquier local de compra-venta de fierro viejo.

Y ni hablar de que nunca tendrá que preocuparse por darle cuerda a este reloj.

Podía escribir una enciclopedia sobre las ventajas prácticas del reloj roto, pero a cada uno de mis argumentos a favor, mi escudero ha respondido con un gruñido.

Todo esto no pasaría si él me hubiera hecho caso.

Yo le sugerí que declinara su participación y me cediera el lugar. Mi habilidad para el pincelin werever es ya una leyenda y, es seguro, pude haber realizado una obra que dejara a la capilla sextina en la categoría de “anuncios espectaculares” y al tal Miguel Ángel en el rubro de “pintor de brocha gorda a dieta”.

Es más, le dije que posara para mi y que lo plasmaría para la posteridad. Dudó cuando le dije, martillo y cincel en mano, que era mejor aplicar el cubismo al modelo (para que la pintura saliera más natural), y terminó por negarse rotundamente cuando le insinué que la obra aumentaría de valor si él pasaba a mejor vida.

No importa, a mí no se me da lo de las naturalezas muertas y, además, el costo del lienzo para alcanzar a pintar su nariz iba a quebrar mi presupuesto.

Bueno, a pesar de que los organizadores de esta exposición-rifa han tenido el mal gusto de dejarme fuera de la lista de artistas plásticos participantes, he decidido hacerme presente, no con una obra de arte, sino con unas palabras.

Empezaré por agradecer a los artistas, talleres y personas que participan. Todas ellas y ellos han donado alguna o varias obras de arte, sea de su producción propia o de sus colecciones, para esta rifa. La calidad de todas las obras (excepción hecha del reloj roto) está fuera de toda duda. Nadie ha dado lo que le sobrara, sino lo que consideró valioso para apoyar una causa que consideran legítima en su aspiración: el desarrollo limpio y honesto de los pueblos indios.

La causa que los ha movido es el apoyo a las comunidades indígenas zapatistas. Porque es bueno aclarar desde un principio, que el dinero que se recaude de la rifa de estas obras de arte será enviado a las Juntas de Buen Gobierno, y será utilizado para proyectos de salud, vivienda, alimentación, educación, producción y comercialización en beneficio de los pueblos indios en resistencia. Ni un solo centavo será utilizado para nada que no sea civil y pacífico.

Mi ignorancia sobre el arte gráfico puede calificarse como enciclopédica, pero considero que todo ser humano honesto y noble, lo es también en lo que produce.

La honestidad y nobleza del arte que hoy admiramos no viene del destino que tiene, en este caso, el desarrollo justo de las comunidades indígenas. Viene de la sangre que animó la mano que traza una línea, plasma un color, o da, sin pedir nada a cambio, algo que le pertenece con justicia y cabalidad.

En el mundo actual, todo acto responde, implícitamente o explícitamente a las preguntas de “¿por qué?” y “¿contra qué?”

Tal vez me aventuro en terrenos desconocidos si añado que esto también incumbe al arte, al arte gráfico en este caso.

En el mundo de la globalización del Poder, los terrenos neutrales han desaparecido y los puntos medios se diluyen cada vez más.

Hoy, el “¿por qué?” y “¿contra qué?” se han convertido en “¿por quién?” y “¿contra quién?”

Y no es que ahora todo sea blanco o negro, y que los colores hayan desaparecido dejándonos huérfanos de mañana.

No, no es eso.

Pero sucede que los grises que pueblan el mundo de la política y del arte, se refugian en las indefiniciones que, cual torres de cristal, les construye el Poder para evitar que, pintando el mundo de colores, se pinten el corazón e imaginen en él un mundo nuevo.

Los colores están ahí. Mirarlos no es fácil. El daltonismo de quien, a falta de razón, usa la fuerza para mandar, es contagioso.

Si mirar los colores es difícil, pintarlos requiere un esfuerzo llamado “vergüenza” y otro llamado “dignidad”.

Las personas que han hecho posible esta exposición artística y la rifa que le sigue, han respondido sin titubear a las preguntas “¿por qué?” y “¿contra quién?”, y nos dicen, con su acción de hoy: por lo pueblos indios y contra quienes los ignoran.

En cada obra de las que aquí se presentan, hay un “sí” y un “no”: un “sí” a un compromiso, y un “no” a la indiferencia y el cinismo.

Y esto hay que saludarlo siempre, sobre todo ahora, que son los “no sé” los que abundan en la cultura.

Gracias pues a los que participan en esta obra gráfica y humana.

Salud a ellas y a ellos.

Bien haya el corazón que late en quienes, pudiendo disfrazar la apatía y el desinterés con hábiles y coloridos trazos, prefieren mirar con su arte a aquellos que son el color que son de la tierra.

Vale. Salud y que, roto el reloj de arriba, empiece a andar por fin el reloj de abajo como debe ser, es decir, con todos los colores.

Desde las montañas del Sureste Mexicano

p.p. SupMarcos

Don Durito de La Lacandona
México, Noviembre del 2003. 20 y 10.